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Artículo de TOMÁS DURÁN SÁNCHEZ. VICARIO DE PASTORAL

Aprovechamos el último número, de este curso, de nuestra Revista Comunidad, para hacer una llamada a estar atentos al próximo mes de septiembre. Podríamos llamarlo el“mes de la Asamblea diocesana”. En él tendremos la finalización de la misma y se abrirá una etapa nueva en nuestra Diócesis. Junto a este artículo, van unas fechas con las que invitamos a toda la Comunidad diocesana a participar y os pedimos que las anotéis y guardéis.
Nuestra Asamblea, vista desde la perspectiva de casi dos años, ha sido y está siendo una pequeña parábola o relato simbólico. En ella, nos hemos invitado a “enamorarnos”de nuevo del Señor; a “soñar” una Iglesia diocesana apostólica y misionera; y a “construir” una Diócesis con una reforma en sus personas, comunidades e instituciones. Lo hemos hecho desde la “alegría pascual” (Cf. Jn 20,20) que Jesús nos da con su presencia, y que nos debe llevar a una “conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EvGa 25).
Gracias a tantas personas que han colaborado en esta tarea. Sin ellos hubiera sido imposible llevarla a cabo. La Comisión permanente, presidida por D. Carlos, los miembros de las tres comisiones, los Responsables y participantes en los Grupos de Asamblea, a todos los que han acompañado este proceso, con la oración principalmente, y han participado de una manera o de otra. Gracias.
Se acerca la post-asamblea. Es necesaria para ese tiempo la sabiduría evangélica, que no se opone al atrevimiento apostólico (parresía), pero la necesitamos mucho. Un gran riesgo que nos acecha es cargar al futuro de la Asamblea la solución de todas nuestras dificultades pastorales (¡cuánto peligro tiene esto!). Y, además, solucionadas de manera automática e inmediata, especialmente las estructurales. Y, si esto no sucediera, proclamar rápidamente el axioma de “la Asamblea nace muerta”. Hagamos lo posible por evitarlo. Seguro que no sucederá. Procuremos, entre todos, que la Asamblea cree comunión y sea fuente de alegría y esperanza.
Es verdad que necesitamos un cambio de actitudes, criterios y reformas en nuestra espiritualidad, pastoral y estructuras diocesanas. Y la Asamblea, con la ayuda del Señor, los va a proponer y realizar posteriormente, con el tiempo del Espíritu Santo, que no es el cronos humano, ni tampoco es el inmovilismo. Y las reformas deben ir al unísono. El cambio del corazón y de las personas lleva a un cambio en las comunidades, y un cambio en nuestras comunidades lleva a nuevas estructuras para la misión. Pero, sobre todo, para que la Asamblea sea una parábola o “relato que enamore, haga soñar y construya”, se necesitan hombres y mujeres discípulos-misioneros del Señor que lo hagan vida. ¡Estos son en verdad los “odres nuevos” (Mt 9,17) que necesitamos con urgencia! ¡Los testigos! Ven, Espíritu Santo.
Para acabar, insistimos en dos fechas y aprovechamos para invitaros ya: 
el 8 de septiembre, en la Eucaristía de la Fiesta de la Natividad de María, en la Catedral Nueva, el Sr. Obispo abrirá las Sesiones Finales de la Asamblea. 
Y el sábado 8 de octubre, en el Santuario de la Nuestra Señora de la Peña de Francia (Nava de Francia), será (D. m.) la clausura de la Asamblea y la celebración del JUBILEO DIOCESANO del Año de la Misericordia. 

Te esperamos a ambas celebraciones. 
Anótalo. 
Participa. 

“Hay que sensibilizar más a los cristianos de Salamanca”. José Mª Miñambres respecto a la Asamblea Diocesana

El pasado martes 2 de junio, el Patio Chico de la Catedral de Salamanca acogió un Encuentro con un grupo de personas que vive su Fe desde la Frontera, dialogando con ellos acerca de las limitaciones y las dificultades que tienen para vivir su Fe. Se trata de una actividad misionera, organizada en el conjunto de la Asamblea diocesana que se está desarrollando en nuestra Iglesia local de Salamanca.
Con motivo de esta actividad misionera, entrevistamos a José María Miñambres, miembro de la Comisión Permanente de la Asamblea diocesana.

José María, ¿qué es para ti la frontera y quien está situado en esta frontera?
Desde el punto de vista de la fe la frontera es hoy casi todo, porque vivimos en una frontera de increencia. Los que no conocen a Dios son hoy la gran mayoría.

¿Qué pretende ser este Encuentro, ‘Testigos de la Frontera’, dialogando con gente que está en el límite de la fe?
Fundamentalmente un testimonio de hombres y mujeres que en medio del acantilado que supone vivir la fe hoy… se mantienen fieles a ella. Y sobre todo afrontar una pregunta central: ¿qué es la fe en Jesucristo?

¿Cuál crees que son, hoy, las mayores dificultades o limitaciones para llegar a la fe?
Las dificultades mayores vienen del contexto cultural que estamos viviendo. El hombre de este tiempo aparentemente se está acostumbrando a vivir como si Dios no existiera. Y esto además sin ningún drama, sin conflictos ni tensiones, con gran naturalidad.

¿A lo largo de la Asamblea diocesana habrá más encuentros de este tipo, de diálogo con el mundo de hoy?
¡Sin duda! El día 5 de junio se celebrará otro encuentro en la Casa de Santa Teresa: Tres búsquedas contemporáneas y tres respuestas de Jesús a los interrogantes del hombre de hoy. Se trata de la experiencia de la sed, la luz y la noche a través de las figuras bíblicas de Nicodemo, la Samaritana y el Ciego de nacimiento.

Y ya por último, ¿cómo va la Asamblea diocesana?
Yo creo que va bien, se van dando los pasos… Nos quedan bastantes cosas por alcanzar como por ejemplo una mayor sensibilización a los cristianos de Salamanca y también una mayor sensibilización a la sociedad española, porque qué duda cabe que con todas las limitaciones pero sin complejos, la Iglesia de Salamanca tiene muy buenas aportaciones que hacer. Creo que nos estamos quedamos con grupos muy reducidos, aunque a estas alturas haya ciento y pico grupos de Asamblea.

Miguel Reyes: “Con la Asamblea, Pentecostés está ocurriendo en Salamanca”

El sábado 21 de febrero comienza la primera parte de la segunda fase de la Asamblea diocesana con una celebración de apertura a las 19.30 horas en la iglesia de la Purísima. Con la invitación ‘Únete, es tu momento’, comienza esta fase de discernimiento de la Asamblea, que se prolongará hasta el mes de mayo de 2016. Entrevistamos a Miguel Reyes, miembro de la Comisión Permanente de la Asamblea diocesana.

Miguel, ¿cómo ha ido la primera fase de sensibilización y presentación de la Asamblea?
Ha sido satisfactoria. Se han organizado equipos de mensajeros que, de dos en dos, han presentado y motivado a todo el que ha querido escuchar la llamada a conocer qué es y en qué consiste la Asamblea. Se han formado veinte o veinticinco parejas que se han dirigido a toda clase de comunidades: parroquiales, de vida religiosa, de movimientos, cofradías, reuniones de arciprestazgo, a los sacerdotes,… También a centros de enseñanza. No obstante, tenemos un reto: cómo llegar a tanto cristiano alejado. Incluso a muchos hombres de buena voluntad que comparten los valores evangélicos. Y este reto se mantendrá permanentemente y todos hemos de hacerlo nuestro.

¿Cómo ha sido la acogida por parte de nuestra gente? ¿Alguna sorpresa?
Se ha dado una acogida muy cálida y entusiasta por parte de las distintas comunidades. Esto de la Asamblea no es algo “normal”; la costumbre es que las cosas vengan decididas desde “arriba”, y la gente está acostumbrada a obedecer, a hacer lo que se le dice. Ahora de pronto, entre el Espíritu, Francisco y Don Carlos, se encuentran invitadas a buscar lo mejor para la Iglesia de Salamanca de modo que llegue a ser una Iglesia renovada y evangelizadora entre nuestras gentes, sin miedos, complejos ni rebajas.
Para mí la primera sorpresa ha sido la misma convocatoria: Don Carlos ha hecho suyo el sueño del Papa Francisco. Además, me ha sorprendido ese entusiasmo expresado en las presentaciones de la Asamblea. Para la gente no ha sido una recomendación, una invitación o una oferta más de tantas que recibe: ha sido algo mayor. Ahora importa canalizar este primer “calentón”.

Desde la Comisión en la que trabajas, ¿qué está siendo lo más laborioso a la hora de poner la Asamblea diocesana en marcha?
Sabemos que las personas que participan en la animación y puesta en marcha están subdivididas en tres comisiones. Yo pertenezco a la número 3 que se encargará de animar el tercer momento: la renovación de estructuras, comunidades y personas. Esta tarea sólo se podrá hacer cuando hayamos tomado conciencia de que la renovación primera ha de ser la de los corazones de las comunidades y las personas, que es lo que vamos a intentar hasta junio. Sólo después podremos buscar nuevas vías y formas de anunciar el Evangelio, es decir, renovar la pastoral. Y al final será el momento de poner los medios para que todo lo anterior se dé; es decir, tendremos que cambiar las estructuras de la Iglesia de Salamanca para que todo lo anterior no se quede en meras buenas ideas. Por tanto mi Comisión ahora no está centrada en su contenido, sino en trabajar para que todo el conjunto de la Asamblea salga.

La nueva fase comienza ahora en febrero y concluye en marzo de 2016. ¿En qué va a consistir fundamentalmente?
En ponernos al viento y a la escucha del Espíritu que nos habla en la Historia. Estar con el corazón y los oídos atentos para que él nos diga a través de la historia de nuestras gentes y nuestros pueblos cómo hemos de trabajar su mies. Esto requiere varias cosas; en primer lugar: orar, ponernos en su presencia, preguntarle a Dios qué desea de nosotros; en segundo lugar, hacerlo comunitariamente, en comunidad, en grupo de Asamblea; luego, dialogar sobre lo que vamos descubriendo y por último dos cosas: escribir el descubrimiento para convertirlo en propuesta a la Asamblea y ponerlo en práctica ya. La Asamblea no es sólo un evento de reflexión sino netamente misionero. De hecho Don Carlos la ha convocado como un proceso de discernimiento, purificación y reforma a modo de misión compartida.

A ti personalmente y como laico, ¿qué te está aportando o suponiendo esta implicación en la organización de la Asamblea Diocesana?
Se juntan varias cosas: por un lado la alegría de saber que nuestro Obispo mira a la Iglesia de Salamanca como Pueblo de Dios en el que lo importante es ser bautizados, seguidores de Jesucristo, hermanos iguales del mismo Padre. Desde esta visión, sobre los laicos recae estadísticamente la mayor responsabilidad de impulsar a la Iglesia en pos de la misión que se nos ha encomendado. Somos una inmensa mayoría. Y por tanto es una inmensa responsabilidad.
En segundo lugar, tengo un cierto sentimiento de privilegio: participar de los preparativos de la Asamblea Diocesana me pone en el motor de un acontecimiento que yo ya vivo como “salvífico”: palpar entusiasmos, compartir zozobras y oscuridades, experimentar deseos de caminar juntos a pesar de las diferencias personales, ver hermanos ejemplarmente entregados a poner su grano de arena a la causa de la Asamblea,… todo ello me hace vivir agradecido a Dios y a los demás miembros de las Comisiones de la Asamblea.

Sin duda que es una oportunidad histórica para nuestra Diócesis de Salamanca… Miguel, ¿qué razones darías a aquellos que han recibido esta propuesta con frialdad?
Yo les pediría un acto de confianza; en aquellas personas que les han hablado de la Asamblea, en los propios amigos que se apuntan a algún Grupo de Asamblea,… En el fondo que confíen en Dios. Y que desde ahí se apunten a algún Grupo de Asamblea. Pero les pediría que no lo hicieran con una confianza ciega. Que lo hagan comprobando día a día qué repercusión tiene todo ello en su propio corazón.

Y para finalizar y a modo de titular: ¿qué es lo que se nos avecina con esta Asamblea en Salamanca?
No solo se nos avecina, sino que ya está aquí: Pentecostés está ocurriendo en Salamanca. Estábamos y estamos con miedos y encerrados, con las puertas cerradas porque nos da miedo el exterior, porque aun sabiendo que hemos de salir no sabemos qué hacer. Y además somos pocos (alguno más de doce solamente). Pero el Señor está aquí llenándonos de su paz y ofreciéndonos su alegría. ¿Qué más y mayor nos puede ocurrir? Y además nos envía y con su soplo nos llena de Espíritu Santo, de su propio Espíritu. Hasta el final.

Tomás Durán, Vicario de Pastoral: “No deseo una Asamblea clerical, sino de todos: sacerdotes, religiosos y laicos”

¿Qué pretende ser esta Asamblea? ¿Por qué ahora?
Una Asamblea diocesana es un acontecimiento eclesial convocado por el obispo diocesano en el que se dan, como si de una experiencia pascual se tratara, tres cosas principalmente: un encuentro con el Señor, un encuentro entre los hermanos y un encuentro para una salida misionera. No es un acto administrativo, ni siquiera un objetivo pastoral a cumplir; es un ejercicio eclesial y si se me permite una actividad espiritual y apostólica. Elemento principal de una Asamblea es escuchar al Señor, qué quiere de nosotros en esta iglesia de Salamanca, para mejor seguirle y para mejor anunciarle. Sin este componente espiritual y apostólico no entenderíamos de verdad lo que es una Asamblea.
¿Por qué ahora? Primero, es un soplo del Espíritu Santo a través del Papa Francisco. Su Exhortación Evangelii Gaudium es tan atrayente, que bien merece una reflexión. Y después, el momento diocesano. Estamos en un tiempo muy importante en Salamanca.
¿Qué se juega la Diócesis de Salamanca con esta Asamblea?
¿Jugarse?, nada. Nuestra Diócesis está en manos del Señor y no la dejará nunca. Pero hay una Palabra de San Pablo que dice: “Daos cuenta del momento que vivís”. Pues ahora es un tiempo favorable. Y dejar pasar un momento de gracia nos puede perjudicar, y la Asamblea puede ser un cauce oportuno de conversión pastoral para todo el Pueblo de Dios. Una conversión pastoral es abandonar el viejo criterio de “siempre se ha hecho así” y arriesgarse a la novedad evangélica. Esta es la ocasión propicia para un impulso pastoral creativo para nuestra Diócesis, audaz, de nuevos métodos.

¿Qué podemos hacer en este tiempo de sensibilización para entusiasmar a nuestras gentes?
“Únete, es tu momento”, dice una frase que anima a participar en la Asamblea. Invitamos a todos, especialmente a los sacerdotes. Animo también a los laicos; necesitamos su palabra, su testimonio, sus sugerencias y sus propuestas pastorales. También invitamos a los religiosos y religiosas que viven en nuestra diócesis. Son una riqueza inmensa que hemos de agradecer, acoger y valorar. También hemos creado un grupo de mensajeros que recorrerán la Diócesis animando e invitando a la participación.

Para ti, ¿cuál sería el gran fruto-cosecha de la Asamblea?
La mejor cosecha sería una Iglesia salmantina menos vuelta sobre sí misma. A veces parece que estamos dando vueltas a nuestros problemas y personas; analizando, comentando “que si el Obispo, que si los vicarios, que si esta iniciativa u otra ya nació muerta”. La mayor muerte es una Diócesis clericalizada y vuelta sobre sí misma en el rumoreo constante. Me gustaría una Diócesis que pone, con alegría y confianza, sus ojos en el Señor. Una Iglesia local salmantina que sale a dialogar con el hombre de hoy, que no tiene miedo de ser pequeña y pobre. Una Diócesis que se embarque a la alegría misionera que le invita el Espíritu Santo, a través del Papa Francisco. Una Iglesia local que llene de esperanza a esta sociedad salmantina, que aunque nuestras comunidades sean un resto, sean un resto creíble, no un residuo aburrido y murmurador. Una Diócesis que ama a sus miembros e instituciones; que no vive de grandes acontecimientos, ni busca espectacularidades, sino una Diócesis fuerte en la pastoral ordinaria, que vive la fe con alegría y es servidora de los pobres, procuradora de la justicia. Anclada en su Señor, con una esperanza infinita. No es un sueño, ¡nos lo va a regalar el Señor con esta Asamblea!

Y por último: no desearías que la Asamblea se convirtiera en motivo para…
Te voy a ser muy claro: no desearía una Asamblea clerical, con nuestros dimes y diretes, sino de todos: sacerdotes, laicos y religiosos. Vamos a procurar que sea así. Y no me gustaría que fuera motivo de enfrentamientos o de huidas pastorales. Ni huidas hacia atrás, al pasado, para recuperar tradiciones secundarias y decimonónicas; ni huidas para adelante, en reformas externas, imposibles e innecesarias que sólo buscan adaptarse al mundo para mundanizarnos y perder la frescura de la radicalidad evangélica. Una Asamblea para que la Iglesia mire y escuche al mundo con inmensa simpatía y no busque las culpas dentro la propia iglesia. Una Asamblea que nos lleve a volver a las fuentes, al Evangelio de Jesús, sin glosa, a la vida apostólica enteramente primera.

Tomás González, laico, miembro de la Comisión Permanente de la Asamblea diocesana: “De la Asamblea espero que salga una mayor conciencia de pertenencia a la Diócesis y mayor presencia de los laicos en la misión de nuestra Iglesia”

¿Cuál crees que es el caldo de cultivo que ha provocado la celebración de una Asamblea Diocesana en Salamanca?
Creo que, por diversos caminos y de distintas formas, muchos hemos intuido y constatado la necesidad de hacer un anuncio más auténtico, más coherente, más creíble y más alegre de la Buena Noticia que hemos recibido. Las personas de nuestra Diócesis la necesitan y, como Iglesia local, tenemos que hacérsela llegar más convencidos y enamorados de ella.

¿Qué esperas de esta Asamblea?
Confío en que sirva para que, dentro de la Iglesia, nos conozcamos, apreciemos nuestra diversidad y trabajemos mucho la comunión, la unidad, que es asignatura pendiente. Y hacia fuera, que consigamos la identificación de la Iglesia con la persona de Cristo, y todo lo que eso significa. De la Asamblea espero que salga una mayor conciencia de pertenencia a la Diócesis y una mayor presencia de los laicos en la misión de nuestra Iglesia salmantina.

¿Cuál es el mayor riesgo?
La Asamblea tiene sentido si somos capaces de replantearnos métodos, estructuras, rutinas, parcelas personales, y sobre todo, si cada creyente primero, luego cada familia, y posteriormente cada pequeña comunidad, parroquia, cofradía, movimiento, etc. se hace esas preguntas. El mayor riesgo es que cada uno demos por hecho que lo que venimos haciendo o lo que siempre se ha hecho así, es lo que debemos hacer. Debemos estar abiertos a la escucha y al diálogo entre hermanos.

¿Cómo alentar a la participación?
Primero invitando a llevar esta propuesta de la Asamblea a la oración personal y a la comunitaria, e ir dejándonos iluminar por el Señor, a ver qué nos sugiere acerca de este momento y qué nos pide. Es Él quien nos ha enviado a anunciarle. No es una ocurrencia del Papa o del Obispo. Si de verdad nos creemos ese envío, que no es sólo para los sacerdotes o los religiosos, sino también para los laicos, la inmensa mayoría de creyentes, nos pondremos en camino y en estado de Asamblea.

ENTREVISTA A TOMÁS DURÁN, EN COPE, INFORMATIVO IGLESIA NOTICIA

1.      ¿Qué es la Asamblea y por qué una Asamblea ahora?
              Una asamblea diocesana es un acontecimiento eclesial convocado por el Obispo diocesano en el que se dan, como si de una experiencia pascual se tratara,  tres cosas principalmente: un encuentro con el Señor, un encuentro entre  los hermanos y un encuentro para una salida misionera. No es un acto administrativo, ni siquiera un objetivo pastoral a cumplir…., es un ejercicio eclesial y si se me permite una actividad espiritual y apostólica. Elemento principal de una Asamblea es escuchar al Señor,  qué quiere de nosotros en esta iglesia de Salamanca, para mejor seguirle y para mejor anunciarle. Sin este componente espiritual y apostólico no entenderíamos de verdad lo que es un Asamblea. Sin esta mirada por un lado a Jesús y otro a la misión no acertaríamos bien.

¿Porque ahora? Primero, es un soplo del Espíritu Santo a través del Papa Francisco. Su Exhortación Evangelii Gaudium es tan atrayente, que bien merece una reflexión sobre ello y un impulso pastoral siguiendo la riqueza de su doctrina y propuestas.  Y después, el momento diocesano. Estamos en un tiempo diocesano importante. Sería un tema largo de explicar, lo dejamos para otra entrevista, si te parece.

2. ¿Qué se juega la Diócesis de Salamanca con esta Asamblea?
                 Pues hombre, jugarse nada; nuestra Diócesis está en manos del Señor y no la dejará nunca. Pero hay una Palabra de San Pablo que dice: no perdáis el instante, “daos cuenta del momento que vivís”, ahora es el tiempo favorable. Y dejar pasar un momento de Gracia nos puede perjudicar, y la Asamblea puede ser un cauce oportuno de conversión pastoral para todo el Pueblo de Dios. Una conversión pastoral es abandonar el viejo criterio de “siempre se ha hecho así” y arriesgarse a la novedad evangélica. Esta es la ocasión propicia para un impulso pastoral creativo para nuestra diócesis, audaz…, de nuevos métodos;…en definitiva de volver a la fresca fuente del Evangelio.

3. ¿Qué podemos hacer en este tiempo de sensibilización para entusiasmar a nuestras gentes, a quien nos está escuchando ahora, para que participe en la Asamblea?
          “Únete, es tu momento”, dice una frase que anima a participar de la Asamblea diocesana. Invitamos a todos a conocer de qué va la Asamblea y a entrar en ella. Especialmente, los sacerdotes, los párrocos deben dar a conocer este acontecimiento.
Y, después, remarcaría  que está dirigida a toda la iglesia salmantina. Animo también a los laicos a participar, necesitamos su palabra, su testimonio, sus sugerencias, sus propuestas pastorales…El Concilio nos pide”escucharlos con gusto…” y a “reconocer con alegría sus carismas, tanto los más grandes como los más humildes”. Que vivan, desde su Bautismo, la participación en la misión de la Iglesia. También invitamos a los religiosos y religiosas que viven en nuestra diócesis. Son una riqueza inmensa que hemos de agradecer, acoger y valorar.
       Hemos, también, creado un grupo de mensajeros que de “dos en dos” recorran la Diócesis animando, invitando, desde la alegría  a la participación….Animo a que las parroquias, institutos religiosos, cofradías, movimientos… los llamen para informarse y acoger las iniciativas que propongan….Ellos informarán y alentarán a la participación.

4. Para ti, ¿cuál sería el gran fruto-cosecha de esta iniciativa en la que se va a embarcar nuestra Diócesis?

         Voy a repetir un poco lo que vengo diciendo en la entrevista…Para mí, la mejor cosecha, sería una iglesia salmantina menos vuelta sobre sí misma. A veces parece que estamos dando vueltas a nuestros problemas y personas….; analizando, comentando…que si el Obispo, que si los vicarios….que si esta iniciativa u otra ya nació muerta. La mayor muerte es una diócesis clericalizada y vuelta sobre sí misma en el rumoreo constante.
       Me gustaría una Diócesis que pone, con alegría y confianza, sus ojos en el  Señor;  y vuelta también, llena de alegría, a la misión, a las periferias existenciales y geográficas…Que afronta los grandes retos pastorales que tiene: iniciación cristiana, la pastoral juvenil, llegar a las nuevas generaciones de padres y madres jóvenes….Una Iglesia local salmantina que sale a dialogar con el hombre de hoy…que no tiene miedo de ser pequeña, pobre…porque su fuerza no la tiene en sí misma, sino en Jesús. Una Diócesis que se embarque a la alegría misionera que le invita el Espíritu santo, a través del Papa Francisco….
    Una iglesia local que llene de esperanza a esta sociedad salamantina….Que aunque nuestras comunidades sean un resto, sean un resto creíble, no un residuo aburrido y murmurador…Una diócesis que ama a sus miembros e instituciones…; que no vive de grandes acontecimientos, ni busca espectacularidades, sino una diócesis fuerte en la pastoral ordinaria, que vive la fe con alegría….y es servidora de los pobres, procuradora de la justicia…día a día. Todo ello anclada en su Señor, con una esperanza infinita. No es un sueño, nos lo va a regalar el Señor con esta Asamblea.

5. Y por último, como Vicario de Pastoral no desearías que esta Asamblea se convirtiera en……., o fuera motivo para……

         Creo que Jesús no nos va a permitir que fracasemos, ni el E. Santo no va a dejar de guiarnos. Te voy a ser muy claro…. No desearía una asamblea clerical, con nuestros dimes y diretes, sino de todos: sacerdotes, laicos y religiosos. Vamos a procurar que sea así. Y no me gustaría que fuera motivo de enfrentamientos o de huidas pastorales. Ni huidas hacia atrás, al pasado, para recuperar tradiciones secundarias y decimonónicas; ni huidas para adelante, en reformas externas, imposibles e innecesarias que sólo buscan adaptarse al mundo para mundanizarnos y perder la frescura de la radicalidad evangélica.  Una Asamblea para que la Iglesia  mire y escuche  al mundo con inmensa simpatía y no busque las culpas dentro la propia iglesia.

    Un Asamblea que nos lleve a volver a las fuentes, al Evangelio de Jesús, sin glosa, a la vida apostólica enteramente primera…; a ser enamorados de Dios y expertos en humanidad. O con las palabras de Francisco, que hunden sus raíces en la espiritualidad neotestamentaria, llegar a ser discípulos-misioneros y evangelizadores con Espíritu. 

Begoña Antolínez, Misionera del Divino Maestro y miembro de la Comisión Permanente: “En esta Asamblea si no estás tú, si no aportas tu voz, tu ilusión, tus ganas de hacer una Diócesis viva que sigue a su Maestro y Señor, algo falta”

¿Cuál crees que es el caldo de cultivo que ha provocado la celebración de una Asamblea Diocesana en Salamanca?
Vivimos un momento de gracia en nuestra Iglesia universal, en la Diócesis de Salamanca y para la Vida Consagrada, puesto que el Papa Francisco ha decretado desde el 30 de Noviembre de 2014 al 2 de Febrero de 2016 el Año de la Vida Consagrada. ¡Alegraos! ¿No lo notáis? El Espíritu Santo quiso mover los hilos de la historia con la elección del Papa Francisco y quiere con las múltiples llamadas de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium mover los corazones, volver a Cristo, lanzarnos a ofrecer una respuesta comprometida con nosotros mismos; con nuestras comunidades, con nuestra Diócesis, con la Iglesia y, en definitiva, con el mundo en el que vivimos para volver a la alegría de contemplar, vivir y anunciar a Jesucristo.
“Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando” (Is 43,19). Dios sueña con hacer maravillas en esta gran Diócesis y ha preparado el terreno maravilloso en el corazón de cada cristiano y, en mi caso, como religiosa la semilla de la alegría, el agua de la conversión y la luz del envío misionero. Dios sueña con una Iglesia viva y comprometida. Con estos tres ‘ingredientes’ el Señor se valdrá de nosotros para dar un nuevo impulso espiritual y misionero, un aire fresco a nuestra vida y a nuestra diócesis.

¿Qué esperas de esta Asamblea?
Como miembro de la Comisión Permanente es un gran reto dar cauce a lo que el Señor nos va inspirando a todos. Desde que empecé a respirar el aire de esta llamada a participar en la Asamblea Diocesana, se iba haciendo realidad lo que esperaba: comunión, esperanza y renovación; ilusión por buscar los caminos que nos vaya marcando el Señor; escucha y participación de todo el pueblo de Dios. Espero que toque nuestras entrañas y puestos los ojos en Él hagamos de nuestra vida un signo visible de la alegría y cercanía de Dios que quiere hacer nuevas todas las cosas.
Es el momento de poner la Diócesis “patas arriba”, de poner nuestra vida en el “asador” con una gran carga de humildad y acogida a lo que Dios nos vaya susurrando. Entrar en este proceso de discernimiento evangélico no es fácil, (EG 53) pero juntos alimentándonos de la luz de su Palabra, pidiendo la fuerza del Espíritu y la mirada del discípulo misionero encontraremos las respuestas a las preguntas que son el motor de esta Asamblea: ¿Qué quiere el Señor de la Iglesia de Salamanca? ¿Qué quiere de nosotros? ¿A qué nos llama?

¿Cuál es el mayor riesgo?
Los comienzos suelen ser ilusionantes, motivadores, mas, poco a poco, parece que se acaban las fuerzas y entramos en una fase de desesperanza. Fuera de caer en ese riesgo, alejemos de nosotros la acción del mal espíritu que nos infundirá desánimo, cansancio y pensamientos como “y esto para qué, si va a seguir todo igual” o “tantas fuerzas gastadas para nada” u “otra actividad más”.
Es el momento de dar un portazo al individualismo y aprovechar la oportunidad de crear fraternidad, de crecer en la fe, de pasar del “sobrevivir” a una vida apasionada por Cristo y por el Reino, donde el rostro, la palabra y el gesto de cada uno de nosotros lleven a Cristo y sea el fuego que caliente el corazón de los que están alejados. Si Dios está en medio de nosotros y Él lo quiere ¿A qué hemos de temer?

¿Cómo alentar a la participación?
Una de las frases que resuena en mi interior es “Asamblea eres tú”, sea el que sea el momento en el que te encuentres, si estás cerca o estás lejos, si experimentas el consuelo de la fe o vives palpando el frío de la indiferencia. Da igual, la Asamblea eres tú. Es el momento de ofrecer tus inquietudes, los dones que el Señor te ha dado, de caminar juntos, de cultivar la pedagogía del encuentro, de celebrar unidos, de escucharnos y buscar juntos. En esta Asamblea si no estás tú, si no aportas tu voz, tu ilusión, tus ganas de hacer una Diócesis viva que sigue a su Maestro y Señor, algo falta.
La Asamblea Diocesana es el espacio motivador y sanador, el lugar donde se regenera la propia fe en Jesús Crucificado y Resucitado, donde se comparten las propias preguntas más profundas y las preocupaciones más cotidianas; donde se discierne en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza de nuestra vida (EG 77), de nuestra diócesis y de nuestra ciudad.
Os invito a “dar gratis lo que habéis recibido gratis”, no entierres el bien, lo bueno, lo bello. Cuando uno se olvida de sí mismo comienza a ser atrevido y arriesgarse, a ir mar adentro para salir a las diferentes periferias. Quisiera también invitar a las comunidades religiosas a salir, a hacer nuestra esta Asamblea; a discernir junto a los sacerdotes y laicos los caminos que nos vaya marcando el Señor, aportando lo más genuino de nuestra Consagración y Misión. Gracias por participar, gracias por dar lo mejor de ti. El Señor, tu diócesis cuenta contigo.

José Mª Miñambres, párroco de San Juan Bautista y El Carmen, miembro de la Comisión Permanente de la Asamblea diocesana: “Espero que la gente hable con libertad y valentía, que digamos lo que vemos, lo que nos pasa, que propongan soluciones con realismo”

¿Cuál crees que es el caldo de cultivo que ha provocado la celebración de una Asamblea Diocesana en Salamanca?
Son varios los motivos eclesiales y sociales que empujan a llevar a cabo esta Asamblea. En primer lugar, la situación eclesial. Sólo un dato: dentro de cinco años el número de sacerdotes seculares menores de 60 años, no llegará a 40, algo similar ocurre con los religiosos y religiosas. Y lo peor, muchísimos menos laicos y muy mayores. En fin, una Iglesia envejecida y bastante dormida. En cuanto a la sociedad salmantina, ha vivido los últimos años un cambio muy fuerte en todos los sentidos, hasta el punto de ser hoy en buena parte de los espacios, una sociedad totalmente distinta. Otros motivos hacia dentro de la Iglesia son sin duda, el Sínodo de la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe, el Plan Pastoral diocesano, la Exhortación del Papa Francisco, los 25 años del Sínodo diocesano...

¿Qué esperas de esta Asamblea?
Espero que la gente hable con libertad y valentía, que digamos lo que vemos, lo que nos pasa, que propongan soluciones con realismo. Espero que se dé una verdadera escucha, humilde, creando espacios de discusión sincera y fraterna, y de iluminación crítica y abierta. Que se tomen decisiones valientes aunque suponga en nosotros sacrificios y descoloques.

¿Cuál es el mayor riesgo?
El mayor riesgo es que se quede en agua de borrajas, en papel mojado. Por eso, es muy necesario una verdadera pedagogía de seguimiento postasamblea.

¿Cómo alentar a la participación?
Se va a llevar a cabo una información y sensibilización lo más personalizada posible, haciendo entender que todo el mundo tiene algo que aportar, y que si deja de hacerlo repercutirá en todo el cuerpo de la Iglesia. Estoy seguro que habrá una gran implicación, pues los cristianos de Salamanca somos conscientes de las urgencias a las que estamos llamados.

ENTREVISTA A DON CARLOS, OBISPO DE SALAMANCA, PARA LA REVISTA COMUNIDAD

¿Por qué la celebración de una Asamblea diocesana en Salamanca?
Para responder a la llamada del Papa Francisco a una nueva etapa evangelizadora que renueve la fe y la vida cristiana de todos los miembros del Pueblo de Dios en el encuentro con Jesucristo, en el cual siempre nace y renace la alegría.        Desde este encuentro gozoso con el amor de Jesús, que nos salva y nos mueve a amarlo siempre más y a darlo a conocer a los demás, nos ha  llamado el Papa a ser “discípulos misioneros”  y “evangelizadores con Espíritu” en comunión con la misión de todo el Pueblo de Dios. Nos ha recordado que el anuncio del Evangelio a los que están alejados de Cristo es la tarea primordial de la Iglesia y  el mayor desafío al que hoy se enfrenta. Y nos ha ofrecido orientaciones luminosas para constituirnos en estado permanente de misión.
 Por nuestra parte, en un largo proceso de reflexión, oración y diálogo hemos llegado a la convicción de que  la convocatoria de una Asamblea diocesana es el camino que el Señor nos pide para alentarnos a iniciar con ardor y esperanza esta nueva etapa de conversión pastoral y misionera.
       
Como Obispo, cabeza y pastor de la Iglesia de Salamanca, ¿qué espera de esta Asamblea?
Espero una renovación de la comunidad diocesana en su vida espiritual, en su actividad pastoral y en su organización interna que la haga ser expresión del ideal expresado por el Papa Francisco al decirnos: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual” (EvGa 27).

En concreto, la Asamblea diocesana es una ardiente llamada a la Iglesia particular de Salamanca a salir a anunciar a Cristo en las periferias de su propio territorio y en los nuevos ámbitos socioculturales; y para que procure estar siempre donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado, teniendo siempre muy presente que los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. La Asamblea diocesana nos ofrece el cauce más adecuado para “entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (EvGa 30). Queremos salir a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Y confiamos en que la Asamblea diocesana nos ayude a renovar la doble mirada al Señor y a la misión.
En esta Asamblea misionera buscaremos crear "espacios motivadores y sanadores para los agentes pastorales, lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales” (EvGa 77). Y emprenderemos la tarea con la fuerza del Espíritu Santo en un renovado Pentecostés. Llenos del Espíritu, que es el alma de la Iglesia evangelizadora, podremos vivir la participación en las actividades de la Asamblea diocesana no como una pesada obligación, sino con espontánea libertad interior y con ánimo fervoroso, alegre, generoso, responsable y audaz.

Esta Asamblea, ¿viene a completar, o a corregir, lo que fue el Sínodo diocesano?
La historia de la diócesis de Salamanca es una historia de salvación conducida por el Espíritu del Señor, que la va llevando hacía la plenitud en la comprensión y vivencia de su verdad misteriosa y de su  misión y presencia en medio del mundo. En este sentido hay una continuidad en el desarrollo eclesial a través de las circunstancias diversas y cambiantes de cada etapa de su historia, que puede ser valorado como crecimiento en la propia identidad, aunque pueda incluir a veces correcciones del pasado y nuevas acentuaciones.

En concreto, la Asamblea diocesana no se ha planteado en relación directa e inmediata con el Sínodo diocesano celebrado hace 25 años. Por tanto, no pretende completarlo en sus decisiones ni menos aun corregirlo. Aquel Sínodo y esta Asamblea son formas diferentes de manifestación de la misma Iglesia diocesana, de su vida y de su misión, en situaciones cercanas en el tiempo pero diversas.
 
¿Por qué entonces un Sínodo y ahora una Asamblea? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué es esta Asamblea?
La palabra “sínodo” designa en el lenguaje canónico una reunión convocada por la autoridad correspondiente de la Iglesia en el ámbito de una diócesis, de una provincia eclesiástica o de la Iglesia universal. Desde el punto de vista lingüístico, el término “sínodo”, de origen griego, significa “caminar juntos” y tiene su equivalente en el término latino “concilio”; ambas expresiones significan convocación, reunión, asamblea, para la deliberación común de los miembros representativos de un grupo o colegio de personas. En el inicio de la Constitución sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II se designa a sí mismo como “este sacrosanto Sínodo”. Pero la disciplina canónica de la Iglesia latina  ha configurado estas instituciones de forma bien diferenciada y denomina sínodo únicamente al Sínodo de los Obispos y al Sínodo diocesano. En cambio se habla de  Concilio ecuménico y de concilios particulares: de las diócesis de una provincia eclesiástica o de las integradas en una misma Conferencia Episcopal.

El Sínodo diocesano es una asamblea de sacerdotes y de otros miembros escogidos de la Iglesia particular que prestan su ayudada al Obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana. El Sínodo es convocado por el Obispo, después de oír al consejo presbiteral, y tiene carácter consultivo; pero todas las cuestiones propuestas se someten a la libre discusión de los miembros sinodales.

Una Asamblea diocesana tiene una gran semejanza con un Sínodo diocesano, pero no tiene una estructura canónicamente fijada y permite una organización y configuración más flexible en cuanto a sus miembros participantes y en cuanto a las actividades a realizar. Nosotros hemos convocado la Asamblea diocesana a modo de misión compartida, es decir, no sólo para deliberar sobre temas o asuntos que tienen que ver con el bien de toda la comunidad diocesana, sino como un camino de misión que inicia la comunidad diocesana para la renovación espiritual, apostólica y organizativa de si misma y de sus propios miembros, en relación de escucha y de ofrecimiento del Evangelio a toda la sociedad. Por ello, en nuestra Asamblea han de tener decisiva importancia las vigilias de oración, las celebraciones litúrgicas, los  encuentros fraternales festivos, los signos de cercanía y servicio a los que más sufren y a los más pobres, así como acciones significativas de anuncio misionero.

Esta perspectiva de la Asamblea diocesana se ha de comprender como la expresión y manifestación visible que la comunidad diocesana quiere hacer de su propio misterio como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo en medio de la sociedad salmantina, y de su misión de acercarse a ella para ofrecerle el Evangelio de Jesucristo, luz de los pueblos, compartiendo los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren.

Nuestra Asamblea diocesana es manifestación de la Iglesia peregrina en Salamanca. Téngase en cuenta que la palabra “Iglesia”, proveniente del término griego “ekklésia”, significa “convocación”. “Ekklésia” designa asambleas del pueblo, en general de carácter religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido en la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios como su pueblo santo. Dándose a sí misma el nombre de “ekklésia”, la primera comunidad de los que creían en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella convoca Dios a su Pueblo desde todos los confines de la tierra.

En el lenguaje cristiano, la palabra “Iglesia” designa no sólo la asamblea litúrgica, sino también la comunidad local o toda la comunidad universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La Iglesia es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero como su propio pueblo. La Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.

En este contexto podemos comprender mejor los elementos esenciales de la constitución de una diócesis, que se contienen en la siguiente definición dada Concilio Vaticano II: “la diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su Pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica”.

¿Quién está llamado a participar en la Asamblea?
La llamada a participar no es discrecional; está determinada por la naturaleza eclesial de la Asamblea y por la diversa naturaleza de las acciones que pueden realizarse en el proceso de misión de la misma.

La orientación de la Asamblea como misión compartida lleva consigo una doble referencia: a Cristo y a los destinatarios de la misión. A Cristo, porque la evangelización es la proclamación explícita de que Jesús es el Señor.

A los destinatarios de la misión, que pueden ser: a) los no creyentes a quienes se dirige el primer anuncio de la salvación en Jesucristo; b) los bautizados que no tienen el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia y llevan una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio;  c) los miembros de comunidades cristianas que tienen una mayor o menor identidad de fe y de vida, que dan algún testimonio del Evangelio y sienten en diverso grado el compromiso de la misión, pero desean renovar y perfeccionar su encuentro con Jesucristo y su vocación de Evangelizadores con Espíritu.

De estas diversas situaciones se derivan formas distintas de participar en las actividades de la Asamblea. Las acciones de evangelización explícita sólo pueden ser realizadas por fieles cristianos, es decir, por aquellos que han sido incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el pueblo de Dios y han sido hechos partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, y son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó a su Iglesia en el mundo. Estos fieles cristianos, en comunión plena con la Iglesia, manifestada en su modo de obrar, son los que pueden ser llamados a participar como miembros activos y responsables en las sesiones deliberativas finales de la Asamblea diocesana. Ellos gozan del “sentido de la fe” que el Espíritu Santo infunde y mantiene en el Pueblo santo de Dios para llevarlo a la verdad completa en fidelidad a la Palabra de Dios y guiado por el Magisterio de la Iglesia. Y a ellos les corresponde también tomar parte en el deber que tiene la Iglesia de discernir los “signos de los tiempos” a la luz del Evangelio, para poder así responder a los interrogantes que cada época plantea sobre el sentido de la vida.

El Papa Francisco nos ha recordado que estudiar los signos de los tiempos es “una responsabilidad grave, ya que algunas realidades del presente, si no son bien resueltas, pueden desencadenar procesos de deshumanización difíciles de revertir más adelante. Es preciso esclarecer aquello que puede ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios” (EvGa 51).

Discernir los signos de los tiempos requiere una tarea de escrutar, escuchar y analizar los anhelos latentes y los clamores  manifiestos de los hombres de hoy, especialmente el clamor por la justicia y el clamor de los pobres, que han de ocupar un lugar privilegiado en el Pueblo de Dios. De acuerdo con su misión evangelizadora la Iglesia tiene planteado “el desafío de responder a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro” (EvGa 89).

En esta tarea de escrutar los signos de los tiempos deseamos escuchar la voz de todos los que, en las posibles encuestas,  quieran colaborar con la Asamblea diocesana haciéndonos llegar su bien intencionado parecer sobre las cuestiones que preocupan al hombre de hoy y sobre lo que de hecho esperan de la Iglesia o desearían  que la Iglesia aportara a la sociedad y al hombre de hoy.

La participación en los grupos de trabajo sobre los temas que constituyen el objeto de la Asamblea corresponde a los fieles cristianos con sincero deseo de renovar su encuentro con el Señor y reavivar su integración en la vida y misión de la Iglesia. A estos grupos de trabajo corresponde discernir a la luz  de la fe y manifestar las posibles faltas de testimonio de vida evangélica de los fieles, así como su juicio sobre la organización institucional y la presencia pública de la Iglesia diocesana en la sociedad.

Por otra parte, está abierta a cuantos lo deseen la participación en otras actividades públicas de la Asamblea, tales como los encuentros de oración y festivos, las celebraciones litúrgicas, y los gestos de solidaridad y servicio a los pobres.

¿Se escuchará también la voz de los "indignados" con la Iglesia?
A la luz de lo ya expuesto, podemos responder brevemente que su voz, si es manifestada de forma razonada y con respeto, será escuchada y representará una ayuda para discernir la respuesta que debe dar nuestra Iglesia diocesana a la sed de Dios, que pueda haber en su corazón.

¿En esta Asamblea cada uno va a poder opinar lo que quiera sobre la situación de nuestra Iglesia diocesana?
         Para nuestra Asamblea es de aplicación la norma canónica que reconoce a los miembros del Sínodo diocesano la facultad de participar con libertad en la discusión de las cuestiones propuestas a la deliberación común. Pero se presupone el ejercicio responsable de dicha libertad en conciencia, iluminada por la fe, como corresponde a un verdadero fiel cristiano.

Pero hay cosas de la Iglesia que no se pueden debatir ni consensuar, sólo nos queda acogerlas y aceptarlas...,¿no cree?
Esta oportuna precisión aconseja una doble aclaración. Primera, de carácter general: todo fiel cristiano bien formado es consciente de que su libre adhesión de fe a Jesucristo y a la Iglesia lleva consigo una vinculación por la verdad de la Revelación divina contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, interpretada por el Magisterio del Papa y los Obispos en comunión con él.

Además de las verdades de fe y de moral cristiana, hay una disciplina universal de la Iglesia que es en parte expresión necesaria y no reformable de la Revelaciòn, que llamamos derecho divino positivo;  y en otra parte es expresión de la libre determinación de la Iglesia, en ejercicio del poder recibido de Jesucristo; este es el llamado derecho positivo eclesiástico, que la Iglesia puede reformar para adaptarlo a las circunstancias de cada época, en orden a facilitar el cumplimiento de su misión. Pero solamente al Romano Pontífice le corresponde modificar la legislación canónica de la Iglesia universal.

La segunda aclaración nos ayuda a ver las competencias de la Asamblea diocesana. Esta Asamblea es un órgano consultivo para asesorar al Obispo en el cumplimiento de su misión en la Diócesis. Por tanto, la Asamblea sólo puede deliberar sobre asuntos que caen bajo la competencia del Obispo diocesano y el Obispo le encomiende. Y son muy numerosos los aspectos de la disciplina eclesiástica, cuya regulación o determinación corresponde al Obispo diocesano. Por tanto, a la Asamblea no le van a faltar asuntos de gran importancia sobre los que deliberar, por ejemplo, en algunos aspectos del anuncio del Evangelio, de la celebración de los sacramentos, de la pastoral de los diversos sectores: catequesis de la iniciación cristiana y de adultos, pastoral juvenil, universitaria y vocacional, pastoral familiar, etc. Y no menos en el ámbito de la organización pastoral de la diócesis y de la ordenación de su economía.

Hoy nos cuesta muchísimo mover y convocar ....¡son tantas y tantas las convocatorias! ¿Qué podemos hacer unos y otros, para animar a la participación y elevar el ánimo de nuestras gentes?
Primero, orar mucho cada uno y enardecer su corazón y su impulso apostólico en el renovado encuentro diario con el Señor y con su amor salvador. Luego, afrontar con gozosa dedicación y esperanza las tareas de la Asamblea diocesana, asumiéndolas no como una pesada obligación de resultado incierto, sino como una misión de amor, en respuesta al amor del Señor. Así debemos ir contagiándonos unos a otros la alegría de participar en este acontecimiento de gracia que el Señor nos regala. Estamos en un momento crucial de la vida de nuestra Iglesia diocesana y de la Iglesia en España; y no podemos ceder ninguna baza al desaliento ni a la pasividad. Necesitamos fortalecer nuestra fe en la victoria de Cristo resucitado y en la acción de su Espíritu en medio del mundo. El Evangelio sigue siendo necesario, cada vez más, para iluminar y dar sentido a los anhelos más profundos de la existencia humana. Hemos de buscar las formas más adecuadas para hacerlo reconocible como el tesoro escondido, del que hablaba Jesús.

Para usted, ¿cuál sería el fruto más importante de esta Asamblea diocesana?
Son muchos los frutos de santificación y de vida evangélica que necesitamos alcanzar del Señor por medio de la Asamblea diocesana, a algunos de los cuales ya se ha hecho referencia. Todos ellos están incluidos en los tres objetivos generales de la Asamblea:

A. Caminos de renovación espiritual en nuestra Diócesis. Volver al Señor y a beber en las fuentes de nuestra fe como son la oración, la escucha de la Palabra, y la celebración de la Eucaristía y los demás sacramentos. Se trata de reanimar el ámbito de la pastoral ordinaria con la luz de la Palabra de Dios y el fuego del Espíritu Santo. En este camino de renovación espiritual nos dejamos guiar por el testimonio de vida y la enseñanza de Santa Teresa de Jesús, patrona de nuestra Diócesis, en la celebración del V Centenario de su Nacimiento.

B. Caminos de renovación pastoral en nuestra Diócesis. El gozo que nace de la Pascua y Pentecostés debe manifestarse en la alegría del Evangelio y en una intimidad de la Iglesia  con el Señor que se hace comunión misionera.

C. Caminos de renovación en la organización de las personas y comunidades y en las estructuras diocesanas. Se trata de conseguir que nuestra acción pastoral se realice en clave de misión, abandonando el cómodo criterio de lo que siempre se ha hecho. Es una invitación a ser audaces y creativos; a pensar nuevos objetivos, lugares, estilos y métodos evangelizadores; y a configurar nuestras estructuras pastorales diocesanas de forma más adecuada a su finalidad evangelizadora.